La Cruz Roja llevará al Archivo Histórico de Salamanca 80.000 documentos, la mayor parte de ellos cartas de presos y de desplazados durante el conflicto bélico civil del treinta y seis. Se trata de papeles que manejó la Cruz Roja Internacional durante la contienda en ambos frentes, en las dos Españas. Fueron entonces correo de cartas y sentimientos, cuidadores de presos cuando les dejaron, cuidadores de miles de niños en el exilio y notarios fehacientes de la destrucción de un país y de una experiencia de convivencia. Los documentos son facsímil, que los originales quedarán en Suiza, en Ginebra. Pero interesados y estudiosos podrán analizar e investigar, incluso describir, algunas emocionantes historias de muchos españoles afectados por la separación de los frentes. Ni que decir tiene que los cuerpos de sanidad cumplieron, en ambas partes, con su objetivo y vocación con una entrega sin parangón durante el período de guerra. Con distintos nombres: Damas Enfermeras Españolas, Enfermeras de Guerra, Enfermeras de Socorro Rojo y otros calificativos similares con los que se extendieron por la geografía sufriente, hoy son recordados con beneplácito general. Pues bien, ahora, el Comité Internacional de Cruz Roja hace entrega de estos papeles (sus copias), porque dice que hoy en día hay más ganas de saber, más curiosidad entre los españoles. Posiblemente también, digo yo, porque ahora hay menos miedo. Pero queda algún fleco por aclarar y recordar. Entre los muchos asuntos de interés que faltan por saber quiero apuntar uno que conocí, por mejor decir… del que disfruté, en persona. Me refiero a la Cruz Roja Republicana Española en el Exilio. Institución que ha perdurado hasta los años ochenta en Francia, que tenía plaza en un edificio en París, en la calle de la Roquette, cerca de la plaza de León Blum y que reconvertida en casi una ONG, me trató de una dolencia en los primeros años setenta. Y lo hizo con mimo y entrega, sin preguntar por mi filiación ni ideología. Si quieren más datos lean el libro de Alicia Alted Vigil, publicado por la Universidad de la Rioja. Ahora que todo se revisa, que todo se pregona y conmemora, querría que alguien con más datos y conocimiento que yo, levantara algún pedestal –aunque fuera verbal-, por aquellos españoles, en su mayoría profesionales de la medicina que, una vez en el exilio, mantuvieron su actividad profesional y su esperanza de volver alguna vez a España. Al menos por ser reconocidos. Aquella Cruz Roja en el exilio se diluyó en silencio y sin molestar. No exigió reparaciones ni derrotas. Sufrió la suya propia y lo hizo sirviendo, tal y como se mantuvo desde su nacimiento. Ahora no tiene ni papeles que devolver.

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